5 Junio 2007
El comedor rebosaba de un ambiente cálido, acogedor, estaba adornado por unos rayos de luz que daban sombras a cualquier objeto que le pertenecía. El olor a la comida de mamá esta vez cogía el rumbo equivocado y acababa en el corazón.
Yo, recién levantado, postrado en el sillón con la televisión encendida, sin mirarla tan siquiera, era mi aliada para disfrutar del momento desde la invisibilidad de aquel que parece hacer algo. Otra vez en mi hogar.
Me sentía tan apabullado por los sentimientos… después de tanto tiempo fuera, tan a mi pesar, que nunca creí que os podría amar tanto como os amo en este momento. En ese dulce trance pude entrever tu sonrisa despeinada por mi ausencia sin argumentos.
- Volví por ti mama – dije devolviéndole una sonrisa tan dilatada como la experiencia del viejo marinero.
- Volviste, porque necesitabas volver, necesitabas empaparte de nuestro cariño, hijo.
Puede que tuviese razón, seguramente la tuviese, pero con ella no me hacía falta la contestación. Ella me decía qué era lo que me ocurría, cuando el corazón aún obstruía el paso a la razón del momento. Ella lo sabía todo y ¡qué pena que yo siempre me diese cuenta cuando todo ya había pasado!
servido por pignon
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30 Mayo 2007
La calle iluminada allá en un rincón de la ciudad. La luna, desde el cielo, se dejaba ver en su pleno apogeo. Yo desde cualquier habitación de un hostal cualquiera, apagado.
El día, o más bien, el fin de semana se había esfumado sin darme tiempo a ver cómo comenzaba.
Había decidido que era el momento de intentar recordar todo lo sucedido en tan poco tiempo.
Cambio de planes, tenía que salir de la rutina. Hoy, a pesar de ser domingo por la noche, no iba a dedicarme a cuidar las pocas neuronas supervivientes del fin de semana leyendo páginas llenas de palabras que en este momento no iban a pasar de esas pupilas que por cierto, aún no han recobrado su tamaño normal. Por el contrario iba a atormentar las neuronas con los recuerdos de todo lo acaecido, con los recuerdos de todo lo consumido, recuerdos tan fugaces como el éxtasis de los nuevos millonarios, justo como yo me había sentido hace unas horas antes, millonario, tenía millones y millones y millones de razones por las que sentirme feliz. Recuerdos tan perdidos que esta vez me parece que perdí la llave de su baúl.
Esta vez creo, y digo creo porque en estos momentos no estoy seguro ni del nombre que me pusieron mis padres, me comporté como un corredor de 100 metros en una maratón. La cosa es que cuando el corazón late más rápido de lo que puede, cuando late tan fuerte que hasta los cimientos de cualquier edificio tiemblan a tu paso te conviertes en un ser imparable y al mismo tiempo despreciable. Hasta que por fin llega un soslayo de realidad, es como un reflejo de lucidez tan rápido que no sabes cuál de esos cinco sentidos que dicen que tenemos ha sido el merecedor del galardón de salvavidas del mes.
Bueno por lo menos puedo decir que estoy vivo y puedo contar en estas líneas sin sentido ni fin - como este fin de semana - que me enamoré y fui capaz de salir ileso.
servido por pignon
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28 Mayo 2007
Dicen que el recuerdo es un animal un tanto extraño y desobediente...
Espero que ese animal que has ido cuidando durante este tiempo no lo dejes abandonado en medio de la carretera y lo guardes en esa jaula que es la memoria.

Hasta luego,
hasta siempre,
Esta noche brindaremos por última vez:
Por los bueno momentos,
por la buena gente
servido por pignon
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5 Mayo 2007
La noche descendió sobre el reflejo de una mueca…
incesante
como la muerte,
limitada
como la vida,
La noche despegó sobre el mar de nuestras pupilas…
veloz
como la vida,
serena
como la muerte,
Noche,
tan ligera
como el vuelo de una hoja conducida por el viento,
tan extraña
como la desnudez de tu cuerpo,

gracias por venir,
encantados de volver a verte,
nosotros nos quedaremos un poco más,
queremos ver al sol,
que nos han dicho que hoy se divorció de la razón,
para salir con una tal…distorsión
servido por pignon
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16 Abril 2007
Cómo eres capaz de responder y no preguntarme, de hablar sin parar. No entiendes nada de lo que te digo, mis palabras entran y salen por tu cabeza como un tren por una estación desierta en medio de la ciénaga.
Te quejas de los vecinos por el ruido de la soledad, mientras te golpeo sin cesar. Golpeo todo lo que se me pone de paso hasta que me quedo sin fuerzas, me siento en el sillón destrozado, con su espuma desparramada por la habitación, sobre las maderas que forman su estructura, intentando no clavarme una astilla que me pueda hacer más daño.
De acuerdo, intentaré relajarme, pero no te vayas, quédate aquí sentada, a mi lado. Que las gaviotas ya se van mar adentro, que la luna esta noche no se deja ver y el mar se llevó las olas a la cala de la agonía.
Ven aquí a mi lado, háblame de tus deseos, de ese trabajo tan maravilloso que tienes, de tu familia, háblame de ese banquero que tanto te piropeaba.
No pares de hablar nunca, habla de lo que tú quieras, que yo te escucharé.
Ojala fuese tan feliz como tú lo eres; si te digo la verdad creo que lo que me está matando es la melancolía por todo, hasta de lo que no llegué a sentir ni conocer. Creo que amé tantas cosas con tanta fuerza que me he quedado con el tintero del corazón vacío de amor, pero eso no es lo peor, creo que quedaron restos de ese amor que se fueron secando con el tiempo, poco a poco, para que mi sufrimiento fuera mayor. Y esos restos… me están matando, me dicen que podría seguir escribiendo, pintando, viviendo por amor.
servido por pignon
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3 Abril 2007
Rodeado de gente, intento seguir mi camino, sin molestar a nadie, y sin quererlo, dejando que me molesten.
A veces, me siento cómodo con cualquier desconocido, en cualquier lugar que posiblemente haya estado antes, pero hasta ese momento nunca lo había visto.
En esos momentos decido correr, correr y correr, en busca de más gente y más lugares como ese, pero cuando me quiero dar cuenta me encuentro solo, en la oscuridad.

servido por pignon
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20 Marzo 2007

Caminando por la calle, pensando, observando, intentando disfrutar de un poco de aire que le diese un poco de vida a unos pensamientos, que tanto tiempo llevaban muertos. Me encontré...como un mendigo, arrastrando bolsas cargadas de sueños, esos mismos sueños que un día me dieron un puntapié, dejándome solo, lejos de los míos, si no recuerdo mal, vivía en la acera, entre cartones para protegerme del frío, no de la noche, sino de la soledad, compartiendo, conversando y otras muchas veces discutiendo con los restos de periódicos que había logrado encontrar, tirados en el suelo, con las hojas tan sucias que apenaspodía descifrar el significado de las palabras, tan suciasyapestosas como el retrete de un burdel, comoun día sin noche, ni luna, ni ilusión.Hojas tan sucias, como yo en este momento, que solo hago que recordar aquellos años,como un perro sin dueño, como un pirata al que los"buenos"le han robado el botín, como una personaa la que no le dejan vivir. Esos años tirado en la acera, meencontraba en una calle que se llamaba libertad.
servido por pignon
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6 Marzo 2007
Entre la multitud, a solas tú y yo, nos vimos por última vez, sin saberlo; nos dimos un beso húmedo, intenso que logró parar el reloj de mi corazón, en fin, un beso de despedida.
Nos dijimos adios, me dijiste que me llamarías, que esperara ansioso tu llamada, esa llamada que más tarde me llevó a la locura, a la desesperación del orgullo.
Me dijiste que era tuyo, que el viaje sería duradero y la distancia un reto, que el tiempo se aliaría con el olvido, pero aún así seguiría siendo tuyo.
Yo, en ese momento de trance, entre la neblina en la que me colocaste en ese momento, en ese escenario que me creaste, no supe responder; me arrancaste una a una las palabras de la cabeza, me tapaste, sin darme cuenta, los oídos para que no pudiera escuchar, y esa niebla, esa niebla, peor que la ceguera, esa niebla que me dejaba ver que algo había, pero que no podía reconocer, porque uno de los peores sufrimientos en este camino es conocer que las cosas van más allá, que las ideas que nos muestran son simplemente el orígen de algo que posiblemente tenga fin, pero que ninguno de nosotros lograremos descubrir. Y tú, conseguiste dejarme en la incertidumbre de nuestra relación.
Cuando volví a la conciencia, ya te habías marchado, como un fusil en medio del campo de batalla mi cabeza no paraba de lanzar preguntas que golpeaban duramente contra mi corazón cada vez más mermado y dolorido. Como si la cabeza y el corazón se hubiesen separado de mi cuerpo, yo me encontraba en medio, sin respuestas con las que convencer a la razón ni antídotos con los que curar el corazón. No sé si había pasado un minuto o una eternidad; si cuando llegué a ese lugar ya era de noche o mis pensamientos habían conseguido oscurecer el día.
No sabía nada, sólo tu voz sonaba dentro de mi cabeza, una vez tras otra, como una fina hilera, formando y desformando, creando y destruyendo pensamientos, creencias, ilusiones, sueños, caminos...mi vida.
servido por pignon
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