Memoria de una garrapata
Unos cuantos rayos de sol calaban entre las nubes formando cascadas de luz tenue pero radiante, como los recuerdos de los buenos momentos. Desplomándose sobre el sepulcro descomunal en el que se había convertido el mar. Una gaviota desafiante cruzaba con un vuelo ágil, directo -casi perfecto -empapándose de colores, sin destino alguno. La inmensidad del silencio acompasado por esas olas que acariciaban las rocasofreciéndoles vida y motivo, daban sentido al momento que compartía con una fragilidad diferente a la de un ayer cualquiera. Una fragilidad sabia sin llegar a la amargura, fresca y apetecible como darle un bocadito al mar.
Allá al fondo un par de barcos pesqueros faenaban guiándose por el viento que soplaban unas nubes que no se decidían a llegar. Pescador o marinero, o como lo quieran llamar, navegaba sobre una línea azul creyendo buscar pescado, sin darse cuenta del aroma que dejaban las horas que pasan sin dejarte a tí pasar. Del color que dejaba el silencio - en este cuadro - cuando se deja ver. Del mal sabor que degustaba al mezclarse la ambición y el no querer ser.
Figuras en el aire moldeaba una suave brisa con un puñado de arena. Yo, hacía lo propio con el humo de un cigarro que a la vez me envenena.
Así, sentado en un banco solitario, espectante me quedé esperando a que la oscuridad o la tormenta que amenazaba con negras y roncas nubes terminasen con el momento del eco de los sueños de un niño ciego que encontré en la ciudad y me enseñó a ver sin tener que mirar sueños y realidades en un grano de arena que se encuentra entre la inmensidad.


amanita muscaria dijo
Hola amigo, mucho sin leernos, a veces la contemplación del paisaje me separa de otras cosas y me pierdo, pero bueno nunca está mal retomar las letras y jugar a liarlas un pelín, besos y se feliz **
22 Diciembre 2007 | 10:32 AM