Conversaciones con mama(III)
- Mama, llevo mucho tiempo pensando en un viaje, pero no un viaje como los que he hecho hasta ahora, creo que este es mi viaje, con billete de ida, y seguramente sin vuelta. Lo llevo pensando mucho tiempo y creo que es el momento de tirar bien fuerte de las obligaciones y de las pasiones que siento como me tienen atrapado en esta jaula de grillos. Tirar bien fuerte hasta arrancar todas esas cuerdas, o lazos - como tú lo quieras llamar - e irme.
- Pero hijo, por qué no eres como tus hermanos, ellos son felices.
- ¡Por eso mismo! Ellos son felices y yo no mama. Todo el mundo parece poder vivir una continua falsedad, esa misma que a mí me aprieta más la soga, y no quiero ahogarme. Quiero vivir. No quiero rendirme y unirme. Ojala fuese ciego mama, me gustaría sólo ver tus ojos; ojala fuese sordo, y sólo escuchar tu voz; ojala no pudiese oler más que tu fragancia y tus guisos; ojala mama no pudiese sentir más que tu suave piel.
- Hijo, si te vas no sé que será de mi vida – dijo derramando una lágrima tan larga que parecía que nunca acabaría. Llegó un momento en el que pensé que esa misma lágrima llegaría hasta mí para abrazarme, en ese momento mi corazón comenzó a latir más y más rápido; mi estómago parecía estar a manos de un niño aprendiendo a atarse los zapatos, menos mal que mis pupilas aprendieron a evaporar cada una de las lágrimas que quise derramar en ese momento, y pude mantenerme tan fuerte y distante como tierno y conmovido por su dolor, por su sufrimiento – Si vuelves a irte… te volveré a echar tanto de menos, volveré a aprender a amarte desde la distancia que nos separe, volveré a imaginarte desde la última fotografía que te guarde, volveré siempre a lo mismo aún sabiendo que tú ya no vuelvas.
Las pupilas se quedaban sin calor con el que frenar mis lágrimas, que se amontonaban pidiendo paso al desenfreno de los sentimientos. Extrañas sensaciones experimentaba en mi interior - ese mundo por descubrir, oscuro y celeste, agrio y dulce por momentos, bondadoso y perverso según el cuerpo – al estar contigo sabiendo que tengo que estar sin ti. El nerviosismo de no saber si reír o llorar para complacerte.



qualche dijo
Las madres, lo són todo amigo Pignon. Cada uno tiene que hacer, que andar su camino, solo o acompanyado. Sólo te recuerdo que pienses bien cada paso que hagas, porqué hay pasos que no tenen marcha atrás.
Un besazo
12 Junio 2007 | 02:15 PM